iC.

Es:
ingeniero civil, diestro, ateo, daltónico, maniático, soñador sin remedio, socio vitalicio de la soledad.

Detesta:
caminar detras de alguien lento, que le miren raro cuando lleva un mes sin afeitarse, las cosas dulces (incluyendo las personas), cuando silban, estar por mucho tiempo en una cola, que le tomen fotos, los diminutivos, escuchar a alguien chismorrear, que le llamen Israel, que se duerman en su hombro cuando va en el autobus, que le miren a los ojos.

Disfruta:
caminar por la ciudad, fotografiar cosas pequeñas, reventar las burbujas de las bolsas para embalar, beber café todos los sabados por la tarde en el mismo lugar, acompañar ese café con un cigarrillo, el anime, caminar descalzo por la arena, inventar historias, los juegos de video, las peliculas sin final felíz, las escaleras eléctricas, el aroma a palomitas de maíz (pop corn), pensar en la muerte.

Algo más:
ve mas por el ojo izquierdo que por el derecho, lo enloquecen las mujeres asiaticas, su hermana mayor dice que tiene cara de ogro pero que en el fondo es buena gente, quiere que el día de su funeral toquen esta canción:

Lo poco que sé de la vida.

«Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo. Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribí. Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa y se olvida tomando dos.

Que nadie se me emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que sé de la vida, a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea. Sí, sobrino, va por vos.


Empiezo por lo que sé con toda seguridad. Sé que, con suerte, te vas a morir una vez. Así que procura no morirte más veces por el camino. No hay nada peor que esa gente que se va muriendo antes de morirse del todo. Para evitarlo, te regalo un método infalible. Mientras tú vayas decidiendo, todo está bien. El día que dejes de decidir, ese día, cuidado, porque la habrás palmado un poco.


Ten siempre más proyectos que recuerdos, es la única forma que conozco de mantenerse joven. Olvídate de la patraña esa de ser feliz, ya te puedes dar con un canto en los dientes si llegas a ser el único dueño de tus propias expectativas.


Que un euro se ahorra, y un polvo se pierde. Para siempre. Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar.Por mucho que te cueste pagar las facturas. Por mucho que en las reuniones de antiguos alumnos te miren mal. Es mejor dedicarse toda una vida a algo que te divierte pese a no llegar a fin de mes, que pasarte un solo día trabajando únicamente por dinero.


Entre lo poco que sé de la vida, también te diré que nada de todo esto vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de luna. Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo qué va.


Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondido. Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligado a remendarlas con el hilo de cualquier otra ilusión. Que desees y seas deseado, que se frustren todas tus esperanzas y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el propio, es en brazos ajenos.


Dos emociones inútiles asociadas al pasado, arrepentimiento y culpa, y una emoción inútil asociada al futuro, la preocupación. Cuanto antes te desprendas de las tres, antes empezarás a apreciar lo único que tienes.


Qué más. Ah sí. Sé que al menos un amigo te va a traicionar, otro será traicionado por ti, y que te pongas como te pongas, los que no hayas hecho antes de los 30, ya jamás pasarán de buenos conocidos. Cuenta sólo con los tres principales, porque a partir de ahí, todo es mentira.


Para terminar, y hablando del tema, déjame que te presente a tu mejor enemigo. Se llama miedo. Quédate con su cara, porque va a estar jodiéndote de ahora en adelante. Miedo al fracaso. Miedo al qué dirán. Miedo a perder lo que tienes. Miedo a conseguirlo. Miedo a saber poco de la vida. Miedo a tener razón.
»
— Risto Mejide

La última calada

Andrés se sienta junto a la ventana y enciende ese cigarrillo que todos los dias promete dejar. Una calada y se le hincha el cuerpo, una calada y se pierde por un rato entre las risas y gritos de gol de los niños que abajo sueñan con ser Ronaldinho o Beckham. El tambien sueña, todavía sabe hacerlo, pero sueña con estar en otro lugar.
Otra calada y otro sueño marchito se precipita al cenicero vacío.
Afuera el viento resopla trayendo la brisa calida de fin de primavera, resucita muertos, resucita fantasmas de veranos pasados, veranos cuando las cosas marchaban bien, cuando la pena no lo acompañaba.
Ahora siempre se sienta a su lado, lo abraza... en ocasiones lo abarza tan fuerte que no lo deja respirar.

Otra calada y otro muerto que despierta para disiparse entre el sabor a sal. Andrés danza entre sombras, danza entre recuerdos que ahora se le antojan cercanos... tan cercanos que siente que lo preñan, que lo hinchan como humo de cigarrillo. Se detiene un segundo, mira sus manos y nota que no quedan líneas para más veranos, que ya no le queda tiempo para seguir soñando.
Da la última calada. El aire se infecta de densa muerte, un poco más de humo y Andrés se encoge más en su soledad. «Ya no hay tiempo» repite esta vez en voz alta, «No lo hay» mientras cae por la ventana.